21/07/09

Palabras (cuento corto)

No la miré. Me desbordaba de ganas, pero no lo hice.
Habíamos decidido no hablarnos y las miradas dicen mucho.

Escuché como abría una revista. Cambiaba de hojas constantemente y sin pausa.
Intenté concentrarme en mi libro, pero era difícil, me quedaba atrapado en la misma palabra una y otra vez. Recién pude seguir cuando se levantó.

Oí sus pasos hasta la puerta. Le faltaba poco cuando se detuvo. Escuché como giraba sobre sus talones; no estaba usando tacos. Abrió su cartera y apoyo algo sobre la mesa.

Sentí su mirada en mi nuca. Pequeña tramposa.
Un trato es un trato.

Traté de ignorarla, pero su presencia se hacía más penetrante.
La miré. Tenía puesta una camiseta de cuando era niña, el pelo suelto y cara de póker.
En su mano, una nota.

No la acepté y volví a mi libro. Para hacer las cosas, hay que hacerlas bien.
Un trato es un trato.

Me tiró el block de notas por la cabeza. Ahora jugaba con su pelo y una media sonrisa.
Le tendí el block de notas. Se acerco. Estaba usando el mismo perfume que le había regalado. Pero había algo más. No sé, quizás había cambiado de acondicionador.

Me susurró algo. Fue casi inaudible, pero estábamos tan cerca que parecía que gritaba.
Enrollé un mechón de su pelo entre mis dedos. Cerré los ojos y me perdí en su olor.

13/07/09

Emails

La sensación de libertad que deja Internet es fascinante. La mejor parte es el anonimato. Puedes ser una persona distinta con cada cuenta de email.

Esto se puede hacer con fines prácticos (un email para el trabajo y otro para los amigos), con fines lúdicos (armar una discusión y defender ambas partes en un foro) o por seguridad (tarde o temprano tu cuenta de email terminara en una lista de spam o algo peor).

He tenido unas 35 cuentas de correo en los últimos siete años. La mayoría fueron para casos puntuales o proyectos que nunca termine. El resto las use como mi dirección oficial en algún momento. En promedio cambie de dirección de email cada trece meses.

Con cada cambio perdía el 50% de mis contactos. Siempre podía revisar las cuentas viejas para encontrar a algún contacto en particular y chequear si alguien seguía enviándome emails a esa cuenta, pero aún así todavía encuentro a gente que me envía emails a cuentas de hace 5 años.

La razones de los cambios siempre fueron distintas. A veces ya no me gustaba la dirección, otras recibía demasiado spam por día o simplemente empezaba a usar otra cuenta de email más seguido.

Cuando compre el dominio juan.com.uy, elegí participar en vez de esconderme.
Creo que es mejor. Pero todavía no puedo decir nada, no hace una semana que publique mi email en este blog y ya han intentado hacerse pasar por mí en mercadolibre.

06/07/09

Escritura Caradura

Yo no se a quien se le ocurrió que, para escribir, hay que hacer borradores.

Un borrador es por definición algo frugal que precisa correcciones.
¿Bajo que motivo uno empezaría una obra declarándola un fracaso inadecuado que tiene que ser corregido?

Empezando así, uno espera que esté lleno de errores y que no sea interesante; y como lo que se escribe nace de las propias expectativas, pasa exactamente eso.

Supongo que gente insegura empezaría así. Quizás son los que se dedican a hacer criticas literarias, que acostumbrados a encontrar fallas en los mejores autores, se sienten inseguros.

O puede que sea un complot, de parte de los escritores, para no ser molestados mientras se divierten escribiendo locuras.
Por lo poco que he leído a Cervantes, el tipo parece haberse divertido en cada palabra que plasmó en papel.

No se sí escribir sin borradores sea una buena idea. Quizá solo sea una buena idea para un blog. -Donde se puede publicar y recién después corregir los tildes- O quizás sea una pésima idea, pero una divertidísima pésima idea al fin.